La procesionaria no muerde y no pica realmente. Son sus pelos microscópicos, proyectados en cuanto se siente amenazada, los que provocan la reacción que por costumbre llamamos picadura de procesionaria. Rojeces, picor, sensación de quemazón: los síntomas sorprenden por su intensidad, a veces sin haber tocado el insecto. Reaccionar bien en los primeros minutos limita la difusión de los pelos urticantes. La aromaterapia puede después ayudar a calmar la piel. Estos son los gestos útiles y los activos que conviene conocer.
Procesionaria: por qué se habla erróneamente de picadura
Dos especies plantean problemas en Europa. La procesionaria del pino está activa sobre todo desde el invierno hasta el inicio de la primavera. La del roble aparece más bien de mayo a julio. Ambas se desplazan en fila india, de ahí su nombre.
El peligro no viene de un mordisco. Cada oruga lleva cientos de miles de pelos minúsculos que se desprenden al menor estrés. Estos pelos contienen una proteína urticante, la taumetopoeína, responsable de la reacción cutánea y alérgica. Su poder irritante persiste mucho tiempo, incluso en un nido caído al suelo o en una oruga muerta.
Estos pelos son volátiles. El viento, el roce de una prenda o el simple hecho de pasar bajo un árbol infestado bastan para depositarlos sobre la piel. Se puede por tanto reaccionar sin haber visto nunca la oruga. Es también por eso que la reacción parece a veces extenderse: al rascarse, los pelos se redistribuyen por otras zonas del cuerpo.
El nido se localiza con facilidad. Se parece a una gran bola blanca algodonosa, encajada entre las ramas, a menudo atravesada por hilos de seda. Su presencia señala una zona de riesgo, que hay que rodear sin tocarla nunca.
Los síntomas del contacto con los pelos urticantes
Las manifestaciones dependen de la zona afectada y de la sensibilidad de cada persona. Pueden ser inmediatas o aparecer varias horas después del contacto.
En la piel
La reacción cutánea es la más frecuente. Placas rojas, pequeños granos agrupados, picor a veces intenso, sensación de quemazón: los signos aparecen en un plazo que va de unos minutos a ocho horas. Las zonas descubiertas son las más expuestas: cuello, antebrazos, manos, cara. Rascarse agrava la situación, porque abre la piel y dispersa los pelos aún presentes.
En los ojos y las vías respiratorias
Cuando un pelo alcanza el ojo, puede desarrollarse una conjuntivitis de una a cuatro horas después del contacto: ojo rojo, lloroso, con sensación de cuerpo extraño y molestia ocular. Un pelo introducido profundamente en la córnea puede provocar una molestia duradera y requerir la intervención de un oftalmólogo. Inhalados, los pelos irritan la garganta y los bronquios. Tos, estornudos y molestias respiratorias son posibles, sobre todo en las personas asmáticas.
La reacción alérgica grave
Más raramente, el contacto desencadena una reacción generalizada: urticaria extensa, hinchazón de la cara o de la garganta, dificultad para respirar, malestar. Estos signos pueden apuntar a una reacción alérgica grave, cercana al choque anafiláctico, que obliga a llamar al 112 sin esperar. Según la agencia francesa Anses, la inmensa mayoría de las exposiciones siguen siendo benignas, con un 96,3 % de gravedad baja. Este riesgo grave, aunque poco frecuente, existe en las personas sensibilizadas.
Un peligro real para los animales
Los perros y los gatos están especialmente expuestos, a menudo por lamer el suelo durante un paseo. El contacto con los pelos provoca una hipersalivación, una hinchazón de la lengua o de la trufa, a veces lesiones graves. Ante estos signos, hay que enjuagar con agua sin frotar y consultar a un veterinario con urgencia, porque el pronóstico depende de la rapidez de la atención.
Los reflejos correctos justo después del contacto
El objetivo cabe en una frase: retirar los pelos sin dispersarlos. El primer reflejo es no rascarse y no frotar, en particular los ojos.
- Enjuagar la zona con agua fría y jabón, sin frotar.
- Retirar los pelos que quedan en la piel con cinta adhesiva, aplicada y luego despegada como en una depilación.
- Tomar una ducha completa, cabello incluido, y cambiarse de ropa.
- Lavar la ropa expuesta a alta temperatura, sin sacudirla dentro de casa.
- Aplicar una compresa fría para calmar la inflamación y el dolor.
Estos gestos mecánicos van antes que todo lo demás. Ninguna aplicación, ni siquiera natural, sustituye la retirada de los pelos urticantes. Una vez limpia la piel y liberada de los pelos, puede empezar el alivio.
Calmar de forma natural la piel irritada con la aromaterapia
Una vez retirados los pelos y lavada la piel, la aromaterapia toma el relevo para ayudar a calmar el picor y las rojeces. Dos principios guían el gesto: diluir y apuntar. La elección de los aceites esenciales adecuados marca toda la diferencia en una piel ya reactiva.
El Aceite Esencial de Lavanda espliego se utiliza tradicionalmente después de un contacto urticante. Rico en particular en linalol y en alcanfor, contribuye a calmar las sensaciones de incomodidad cutánea como el picor o la sensación de quemazón. En el adulto, 1 gota puede aplicarse localmente sobre la zona afectada, hasta 3 veces al día como máximo.
Como complemento, algunos Aceites Esenciales pueden acompañar las pieles fragilizadas: la Camomila Romana se utiliza tradicionalmente para calmar las sensaciones de incomodidad de las pieles reactivas, mientras que el Helicriso italiano es reconocido por su uso tradicional en golpes y marcas cutáneas. En caso de pequeños arañazos ligados al rascado, el Aceite Esencial de Tea tree aporta sus propiedades purificantes para cuidar la piel.
Para acompañar la reparación de una piel irritada, los cuidados calmantes para la piel completan de forma útil estos gestos.
Para los niños, las mujeres embarazadas o las pieles frágiles, los hidrolatos ayudan a calmar sin riesgo. Las aguas florales de camomila romana o de lavanda verdadera se vaporizan sobre la zona, varias veces al día.
Cuándo consultar a un médico y cómo evitar una nueva exposición
Algunas situaciones exigen una opinión médica rápida: afectación de los ojos, molestias respiratorias, reacción extensa, síntomas en un lactante o en un niño pequeño. En caso de signos graves como vómitos, malestar, edema o dificultad para respirar, el 112 se impone. Un centro de toxicología puede también orientar en caso de duda. En las personas propensas a reacciones alérgicas cutáneas, la vigilancia debe reforzarse desde los primeros signos.
Prevenir una nueva exposición se basa en gestos simples. No acercarse a los nidos ni intentar descolgarlos uno mismo. Evitar tender la ropa cerca de árboles infestados. Regar el césped antes de cortarlo, para fijar al suelo los posibles pelos. Llevar manga larga, pantalón y zapatos cerrados en los paseos por el bosque en primavera. Después de una salida en zona de riesgo, una ducha y un cambio de ropa limitan el traslado de los pelos a casa. En caso de infestación en el jardín, es mejor contactar con el ayuntamiento o con una empresa especializada que intervenir sin protección.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto duran los síntomas?
La duración varía según la cantidad de pelos, la zona afectada y la sensibilidad de cada persona. Una reacción cutánea leve se atenúa a menudo en unos días. Si los síntomas se intensifican o se extienden, suele ser porque se han vuelto a depositar pelos: la ducha y el cambio de ropa siguen siendo la mejor respuesta.
¿Es peligrosa una picadura de procesionaria?
En la inmensa mayoría de los casos, la reacción sigue siendo benigna. El riesgo serio afecta a los ojos, a la inhalación en las personas frágiles y a la reacción alérgica generalizada. Estas situaciones justifican una opinión médica rápida.
¿Se pueden usar aceites esenciales en el niño?
En el niño pequeño, los hidrolatos de camomila romana o de lavanda verdadera ayudarán a calmar las molestias.






